miércoles 30 de septiembre de 2009

Las buenas intenciones, los malos resultados y el diagnósito miope


Hace unos años nuestros políticos de turno, tanto del orden distrital como nacional, fueron permeados por las mejores intenciones: En el orden distrital, se consideró que los parqueaderos abusaban de sus clientes al cobrar una hora de servicio cuando éstos en realidad habían estacionado sus autos por unos pocos minutos. El problema era claro y la solución parecía sencilla. Se decidió, en nombre de la justicia económica y comercial, regular las tarifas de los parqueaderos para que, luego de la medida, cobraran a sus clientes por cuartos de hora. Sin embargo, lo que no previó el ente regulador fue que los establecimientos comerciales ahora debían compensar los ingresos menores que reportaban aquellos autos que, antes de la medida, pagaban la tarifa plena. Así, finalmente, la tarifa total para una hora de parqueo subió.

Mientras tanto, en el orden nacional se negociaba el TLC y la oposición se rasgaba las vestiduras por lo que consideraba sería el fin del agro colombiano. Los campesinos quedarían en la ruina y el desempleo rural aumentaría, pues, nos decían, nada podía hacer la lánguida producción colombiana contra los enormes subsidios norteamericanos. El gobierno nacional respondió entonces con su programa Agro Ingreso Seguro, unos subsidios dirigidos al sector agropecuario que tenían su justificación en los ya conocidos preceptos de redistribución de la riqueza, justicia social y, como no, en la afectación derivada del tratado comercial con Estados Unidos. Los campesinos colombianos, ahora si, serían ayudados por el gobierno, y de paso se compensaría (al menos un poco) el efecto de los subsidios estadounidenses frente a los productos nacionales.

Pasaron los años y los políticos distritales no aprendieron la lección. Resultó que ya no era suficiente discriminar las tarifas de parqueo en cuartos de hora, sino que ahora debía hacerse por minutos. Dice la sabiduría popular que al perro no lo capan dos veces, pero al parecer la primera intervención distrital no tuvo la radicalidad propia de la castración y dejó a nuestros reguladores con ganas de más. Así, hubo más regulación tarifaria y, consecuentemente, más aumentos en la tarifa total por horas. También pasaron los años y, pese a que no hay TLC, los subsidios sí se repartieron. La prensa, indignada y conmocionada, denuncia por estos días que los dineros de Agro Ingreso Seguro terminaron en manos de grandes agroindustriales, e incluso de reinas de belleza, mas no de los pobres y necesitados campesinos.

Las denuncias y diagnósticos no se hicieron esperar. De un lado, se acusa a los dueños de los parqueaderos de abusar de los vacíos legales al interpretar a su favor la ambigua reglamentación de las tarifas. De otro lado, los adalides de la moralidad pública señalan lo indecoroso de asignarle subsidos a Valery Domínguez por más que estos hayan sido otorgados legalmente. El problema, nos dicen y vuelven a decir, es la falta de moral, la anteposición de los intereses personales sobre los generales, la cultura mafiosa o el sesgo pro-ricos del gobierno. El problema, en últimas, es el de siempre, el lugar común de siempre.

Pero pocos han abordado el tema desde otro punto de vista. Lo de los parqueaderos es una muestra más de la ineficacia, la inconveniencia o, en el mejor de los casos, de los efectos inesperados de la regulación estatal. Es apenas obvio que los particulares interpretarán a su favor las normas que los regulan. De hecho, es un principio de la democracia liberal. Por lo demás, difícilmente se podía esperar que los subsidios del gobierno fueran entregados a un campesino en el Guaviare, a otro en el Cauca y a otro en Boyacá guardando con rigor los lineamientos de la justicia redistributiva. Un pequeño productor, precisamente por ser pequeño, no se entera de los programas gubernamentales. Además probablemente carece de la capacidad técnica para aprovechar al máximo los recursos. El resultado no podía ser otro; inevitablemente los subsidios llegarían a las manos de los grupos de poder cercanos al gobierno.

Y bueno, a nadie se le ocurre decir que las tarifas de los parqueaderos deben dejarse al libre mercado so pena de distorsionarlo y afectar al consumidor en vez de protegerlo; o que los subsidios como los de AIS deben ser eliminados, pues estos siempre, siempre, terminarán, o bien en manos improductivas o pagando favores electorales. Es más fácil culpar al malvado interés personal de funcionarios y particulares, que al modelo bienpensante de Estado interventor que regula torpemente y deja enormes recursos a disposición de los políticos. En últimas, proponer la eliminación de los subsidios genera el chiflido de la tribuna y quita votos al político, la denuncia moralista en cambio, por más cínica que sea, garantiza el aplauso estruendoso.

lunes 3 de agosto de 2009

Lo principal y lo accesorio



Muestran las noticias de la última semana, que el organismo regulador de los medios de comunicación en Venezuela, Conatel, ha ordenado el cierre de 34 emisoras radiales y amenaza con cerrar otras 200. Al mismo tiempo, la fiscal general del país vecino ha radicado un proyecto de ley que pretende sancionar las conductas que, a ojos de la revolución chavista, configuren un “delito mediático”: “los ciudadanos lucen indefensos ante el uso irracional que ostentan los medios de comunicación" por eso, dijo la fiscal, "No podemos permitir ni hacernos cómplices de que los medios no tengan un límite de la información porque eso atenta contra la seguridad de la Nación (...) esta debe prevalecer sobre la libertad de expresión"

Paralelamente, en frontera sur de nuestro País, el presidente Correa se declara víctima de una persecución mediática, de una “arremetida de medios nacionales e internacionales” en contra de su administración: "la agresividad de los medios de comunicación en los últimos días ha sido terrible" se queja el presidente que, a pesar de su deseo, no logra ganar la simpatía unánime de la prensa. Y es que este tipo de arremetidas son verdaderamente odiosas. Según el gobierno venezolano, de no ser por los malvados medios, la aprobación de su gobierno sería superior al 80 por ciento. Por ello, dice el oficialismo venezolano que no se puede culpar a nadie más
de la creación de los delitos mediáticos en Venezuela., sino a los medios de comunicación que “abusan” de la libertad de expresión.

Lo más curioso de la reacción del presidente Correa, y de las iniciativas del oficialismo venezolano para “regular” la libertad de expresión es que, nos dicen, se hacen con el propósito de proteger los avances “democráticos” que se han venido presentando en las naciones del ALBA. Avances que, al parecer, son tan importantes y de tanto calado democrático, que compensan y justifican los detrimentos que sufren los medios de comunicación.

Y es que la etiqueta de la democracia es una herramienta de mercadeo tan efectiva, que gobiernos y actores políticos de todos los colores la adhieren a todos sus productos, incluidos los que recortan libertades fundamentales. Nada impide, por ejemplo, que el nombre oficial de la República Popular de Corea del Norte no esté completo sin la palabra “democrática”, a pesar de que la realidad demuestre que tan sólo se trata de un adorno retórico. Nada impide, tampoco, que el cierre de emisoras y cadenas de televisión se hagan en nombre de la democracia.

La democracia, entonces, se ha convertido en una muletilla legitimadora de cualquier cosa, con forma de canasto vacío que se llena de contenido según la necesidad del usuario. Así, para Carlos Gaviria, por ejemplo, Colombia no es un país democrático por cuanto existe pobreza y desigualdad. La democracia, resulta ahora, es un estado de cosas en el que la riqueza se encuentra repartida de forma igualitaria.

Pero resulta que no. Corea del Norte no es una república democrática, la democracia no es un sistema de redistribución de la riqueza y la libertad de expresión no admite límites por más democráticos que se pretendan. La democracia es un simple sistema de gobierno en el que todos pueden elegir y ser elegidos y en el que se procura la máxima participación ciudadana en la toma de decisiones, bien sea de forma representativa o participativa. Para ello, es fundamental un sistema de pesos y contrapesos entre las diferentes instituciones del Estado, y entre éste y la ciudadanía a través de los medios masivos de comunicación con plenas garantías de la libertad de expresión, todo ello con el fin de evitar la concentración de poder político en cabeza de uno o de pocos.

Todo lo demás, diferente de lo enunciado, es accesorio a la democracia. Y puede ser compatible, deseable, de izquierda o derecha, pero nunca sustituto del sistema de pesos y contrapesos. Con todo, la libertad que tiene cada quién para decir lo que le provoque acerca de sus gobernantes, o lo que es lo mismo, la temida “arremetida” de los medios de comunicación en contra de Chávez y Correa, es lo principal. Es lo que le da, junto con el sistema de contrapesos, el nombre a la Democracia


miércoles 20 de febrero de 2008

La renuncia de Fidel

Fidel ha demostrado que no es un ambisioso dictador encantado con el poder. Claro, el hombre es todo un demócrata, y por eso, ha renunciado al cargo que los ciudadanos cubanos libremente le encomendaron, tan solo 49 años después de tomarlo. Obviamente, los cubanos eligirán, libremente, a su hermano Raul. Faltaba más que la finca de los Castro, perdón, la isla revolucionaria, dejara de pertenecer a Fidel y su hermano, digo, cayera en las manos del imperio.

En fin.

Saludos a todos!!

jueves 10 de enero de 2008

comentario de cafeteria frente a la liberación

Seguro los diferentes sectores ideológicos del país estan opinando sobre las victorias políticas de guerrilla o gobierno en este proceso de liberación de Clara Rojas. Sin embargo, y sin tratar de imponer mi opinión como parametro moral, (cosa que le encanta a varios columnistas) creo que lo "humanitario" de la liberación de rehenes, es dejar de lado este tipo de cálculos políticos y estratégicos y trabajar con el único propósito de la libertad de los secuestrados.

Por eso no puedo evitar sentir repulsión por la propaganda que Chávez e insurgentes hacen con los secuestrados. Las imágenes de los guerrilleros entregando flores a las secuestradas, los abrazos "fraternales" entre el ministro venezolano y los secuestradores, son simplemente insoportables y obviamente prefabricadas. Ni que decir de la recepción del Presidente venezolano a las plagiadas.

Espero que el Gobierno Nacional no caiga en ese juego. Lastimosamente, dudo que Uribe se aguante las ganas de robar pantalla.

miércoles 31 de octubre de 2007

Elucubraciones Constitucionales


En su más reciente columna de opinión, en la edición on-line de la revista Semana, el profesor Rodrigo Uprimny Yepes escribió en respuesta a otro artículo del economista y académico Alejandro Gaviria, exponiendo las razones jurídicas por las que, en su opinión, pese a que la Corte Constitucional ya se había pronunciado sobre el caso, ésta podría declarar inexequible la reforma laboral del año 2002, puesto que no se reportó un aumento del empleo como se pretendía.

En efecto, en un primer momento el profesor Alejandro Gaviria afirma que una segunda revisión judicial que declare inexequible la reforma laboral, por razón de su falta de resultados, confundiría la inconstitucionalidad de una norma con su inconveniencia. Por supuesto, dice Gaviria, ello sería bastante grave, pues la competencia para adelantar una discusión política como ésta, se desplazaría del Congreso hacia la Corte. Por su parte, el argumento central de Uprimny es que, para este caso particular, el hecho de que no se verifiquen los efectos prometidos de la reforma laboral, tiene relevancia constitucional, toda vez que el principio de progresividad o de “no retroceso” de los derechos sociales económicos y culturales (DESC), se vió afectado con un cambio en la legislación que la Corte juzgó legítimo, especialmente, en tanto buscaba aumentar las plazas laborales.

El argumento de Uprimny Yepes es, de verdad, poco satisfactorio: Por un lado, el argumento suena bastante opaco y ad hoc; por el otro, parte de una premisa bastante sesgada o, cuando menos, ingenua.

En extenso, tengo que resaltar que el argumento es opaco por cuanto no señala con claridad la razón por la cual, - pese a que la Corte en diferentes y numerosos casos ha sido enfática en que no es de su resorte evaluar los resultados o la conveniencia de una norma- para este escenario particular, por el simple hecho de tratarse de una discusión de DESC, sería jurídicamente viable evaluar los resultados de las medidas legislativas en un segundo examen. Incluso, La Corte nunca ha utilizado dicho argumento al momento de revisar la legislación que regula otro tipo de Derechos Económicos Sociales o Culturales, como por ejemplo, la ley 100 de 1993 que regula el tema de salud. Queda la duda entonces de por qué, aun cuando ni siquiera para otros derechos del mismo orden se ha puesto en la mesa tal argumento, para este caso específico la tesis sería plausible.

No es claro tampoco, la razón por la cual la violación al principio de no retroceso no se configura por la propia naturaleza de la norma examinada, sino cuando, después de un tiempo, no acaecen los resultados que ella promete. Resultados que, entre otras, podrían haberse dado en cualquier momento posterior a su declaratoria de inexequibilidad. ¿Cuándo es el momento adecuado para juzgar si, en efecto, se produjeron los resultados anunciados?


Con
todo, parece un tanto arbitrario que solo sea éste sector del entramado jurídico, y no otro, (como la regulación tributaria, transporte o pensiones) el que está sometido a un periodo de prueba, que por lo demás, parece bastante exigente.

En cuanto a la ingenuidad del columnista, cabe decir que pareciera que sus postulados bien intencionados, parten de la idea de que las conquistas obreras no pueden producir, en ningún momento, desmejoras o afectación de los derechos de otras poblaciones, en concreto, de la población desempleada. Da la impresión de que Uprminy cree que en realidad es posible la generación de empleo con una regulación laboral “progresista”; tan solo faltaría la voluntad de los empresarios.

Es la típica postura ideológica, alejada de todo dato empírico.

En todo caso, lo cierto es que el derecho al trabajo, consagrado en el artículo 25 de nuestra Constitución, no solo está en cabeza de aquellos que ya tienen uno, sino también en la población que no puede emplearse por razón de las conquistas laborales que tanto protegen a la clase obrera. ¿Por que negarle al Congreso la potestad de configurar su legislación en beneficio de aquellos que no tienen un empleo, por el hecho de que con ello se menoscaban algunas prerrogativas de la clase trabajadora, sin duda privilegiada frente a la desocupada?


Lo sano entonces es ajustarse al precedente constitucional. Evitar hacer juicios de conveniencia o eficacia, y limitarse a constatar que el contenido material de la reformar persiga un bien constitucional relevante, y que, en su desarrollo, no se afecte el núcleo esencial del derecho al trabajo digno y en condiciones justas.

miércoles 17 de octubre de 2007

A cuatrocientos mil pesos de distancia.

Son varias las razones por las que encuentro sumamente atractivo el sector aeronáutico: Los aviones me parecen simplemente fascinantes, y aún me asomo a la cabina de mando, como si fuera un niño, cada vez que abordo un vuelo; por otro lado, soy un estudiante en una ciudad que no es mía, de manera que mi familia, novia y amigos se encuentran a 30 minutos en un DC 9; finalmente, el tema me atrae desde la perspectiva de un abogado, pues creo que el sector aeronáutico es un ejemplo bastante ilustrador sobre los efectos económicos perversos de una pésima regulación estatal.

En efecto, por cuenta de la regulación de la Aeronáutica Civil, en Colombia aún rige un sistema de control de precios sobre las tarifas que pagamos por cada tiquete de avión. Esto, dicen los burócratas, con el doble propósito de proteger al consumidor frente a las aerolíneas, y de evitar una guerra de precios entre los diferentes operadores. Así las cosas, este sistema de control de precios conocido como “libertad vigilada”, consiste en que son los mismos operadores aeronáuticos quienes le proponen a la Aerocivil las tarifas que pretenden cobrar, para que ésta última, atendiendo a los criterios ya mencionados, de su visto bueno

Pero lo cierto es que al interior de la Aerocivil no hay representación de los consumidores que se pretenden proteger. En cambio, la entidad si está sometida constantemente a las presiones de las aerolíneas que se supone están bajo su vigilancia. El resultado de estas buenas intenciones mal articuladas y de este diseño institucional, es bastante elocuente y lo padecemos todos los viajeros: El control de precios desincentiva la competencia y por eso no solo me separan 30 minutos de vuelo en un DC 9, sino que me encuentro a 400 mil pesos (U$ 200) de mi familia, mientras que en otras latitudes, en donde las tarifas no se encuentran reguladas, los usuarios pagan U$ 50 por rutas más largas y de mayor densidad de pasajeros.

De otro lado, es preciso resaltar que problema no reside exclusivamente en el control de tarifas. Las barreras de entrada legales a las que se enfrenta un operador aéreo, son también obstáculos importantes para la libre competencia y para una verdadera protección al consumidor. Este otro ejemplo es claro: 14 de las 41 rutas entre Colombia y Estados Unidos que fueron otorgadas a American Airlines, no están siendo utilizadas y tampoco han sido reasignadas a otros operadores. Todo ello, en detrimento del consumidor.

Por eso no sorprenden las declaraciones de Sebastián White, portavoz de la compañía aerea de bajo costo Jet Blue, la cual (para fortuna y alegría de los consumidores) pretende incursionar en el Mercado colombiano con un vuelo díario entre Bogotá y los Estados Unidos: “el mercado de transporte aéreo en Latinoamérica se caracteriza por su sobreprecio y su subutilización

Lo más paradójico es que toda esta pretendida “protección al consumidor” no hace más que poner en peligro bienes mucho más importantes que el dinero de los colombianos. Sin duda, las medidas regulatorias que provocan altas tarifas, tienen como consecuencia el desplazamiento de los usuarios del transporte aéreo a otros medios de transporte menos seguros como los buses. Así, lo que antes era un problema de dinero, ahora es un problema de seguridad de los viajeros.

Todo lo anterior nos muestra que es el libre mercado y la competencia el mecanismo idóneo para proteger al consumidor frente a los precios altos. La regulación, como decía Stigler, (y de quien ya había hecho esta misma cita) en muchas ocasiones no es más que un bien de los burócratas que se vende al mejor postor.

jueves 11 de octubre de 2007

Comentario de cafeteria

Como habrán notado, no he podido cumplir con mi promesa de entregar una columna semanal, esto debido a los compromisos aburridos de los que no podemos escapar y que nunca dejan tiempo para hacer cosas menos productivas y más placenteras como escribir en un blog. Sin embargo, ello no quiere decir que no pretenda continuar con mis publicaciones en la red.

La buena noticia es que con esta entrada inaguro la sección que en adelante llamaré Comentario de cafetería, en la cual pretendo exponer simplemente eso, un comentario al aire que invite a la reflexión y que seguramente será la semilla para una columna que trate mejor el tema.

Sin duda, la idea original de una columna en formato de prensa se mantiene en pie y será preponderante en este espacio. Pero la idea de arrojar simples comentarios me parece una buena forma de mantener el blog activo en los momentos en los que no me puedo sentar a escribir chachara.


Aqui va, entonces, mi primer comentario de cafeteria:

A propósito del alboroto por la conmemoración de los 40 años de la muerte de Hernesto el "che" Guevara, ¿cuál fue el aporte de este hombre a la humanidad? Porque si me dicen que fue la revolución cubana, tengo que señalar que, definitivamente, Cuba ha fracasado.

De manera pues que me gustaría conocer en qué radica la importancia de éste guerrillero que, hasta donde se, también fracasó como director del banco central cubano cuando desempeñó dicho cargo.

Saludos